La exposición formó parte de las actividades conmemorativas del centenario de Emilio Prados y constituyó la primera muestra monográfica sobre el poeta realizada hasta esa fecha. Con esas actividades, las instituciones participantes pretendían facilitar el conocimiento, en su complejidad, de la figura de Emilio Prados -nunca valorada suficientemente en opinión de los especialistas- y difundir su legado, de gran calidad documental y bibliográfica, para recuperarlo definitivamente como uno de los intelectuales más destacados de la primera mitad del siglo XX español.
Para la muestra se contó con más de 400 piezas procedentes de unos noventa archivos, tanto de instituciones públicas como de colecciones privadas, en su mayor parte de México y España, además del legado de Emilio Prados conservado en el Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes, que procede de las dos líneas de sus herederos. Así mismo, se dispuso de su archivo fotográfico -del que se seleccionaron fotos de diversas etapas de su vida-, objetos personales -como su máquina de escribir, agendas, documentos oficiales, expediente de inmigración, certificados, carnés-, composiciones musicales sobre poemas de Emilio Prados y una numerosa correspondencia con familiares y amigos, entre los que se encuentran Manuel Altolaguirre, Gerardo Diego, José Moreno Villa, Max Aub o María Zambrano. La obra expuesta en pared, por último, incluía óleos, dibujos y grabados de los artistas más representativos del panorama artístico nacional e internacional de la época, además de una selección de fotografías históricas, en la que destacaban las de algunos de los fotógrafos más relevantes de la guerra civil española como Robert Capa o Kati Horna.