La exposición reunió algunos de los cuadros más significativos de la pintora, de los años 1928 y 1930, en los que se puede observar su vertiginosa evolución: desde los lienzos primerizos, como La tía Marieta, hasta el sabio y perverso refinamiento de Tertulia, Familia cenando o Lilas y calavera, junto a otras totalmente desconocidas como el Retrato de María Álvarez o el recién descubierto Antonio, Conchita y Anita, que se mostraba por primera vez. Además de un apartado documental y del retrato que Norah Borges le hizo a Ángeles Santos en los años treinta, se ha reunido también obra del entorno vallisoletano. Cristóbal Hall estaba presente con su Retrato de Jorge Guillén, localizado recientemente, junto a los que realizó de los tres hermanos Cossío y el de Sinforiano de Toro. De Mariano de Cossío se incluía el Retrato de José María de Cossío, junto a obras muy poco conocidas que, como las de Hall, no se habían expuesto desde la época en que fueron realizadas.